Un Partido organizado en los centros de trabajo como tarea estratégica

febrero 4, 2016

Máxima democracia interna, disciplina y unidad externa

febrero 4, 2016

El PCE como impulsor y organizador de una NUEVA CULTURA

febrero 4, 2016
empty image
empty image

Javier Parra

Simultáneamente a que el PCE empezase a adoptar sus formas organizativas para la batalla electoral, renunciando a organizarse en los centros de trabajo, se fue abandonando también uno de los frentes principales de lucha para un Partido Comunista: el frente cultural. La primera batalla que perdimos no fueron las reformas laborales, ni las reformas educativas, ni los recortes en sanidad, en educación, en derechos, las privatizaciones, etc. La primera batalla que perdimos, y que de alguna manera fue decisiva en el devenir de las batallas posteriores, fue la batalla cultural.

El capitalismo nunca habría podido vencer el asalto del siglo XX si no hubiese inundado el mundo con todas las formas posibles de expresión cultural para difundir los valores sobre los que se sostiene: el individualismo, la competitividad y la guerra…(y por supuesto el anticomunismo). Para ello ha utilizado todos los medios a su disposición: la televisión, el cine, la música, los videojuegos, los libros, las revistas, los periódicos, la publicidad.

El capitalismo logró imponer la cultura del individualismo ante la inacción y la incapacidad para responder culturalmente desde las organizaciones de clase, que además de no saberse adaptar e intervenir ante la nueva composición de la clase trabajadora, fueron incapaces de dar impulso a una nueva cultura de la solidaridad que pusiese a la clase trabajadora en el centro de la transformación social, y que lograse que el conjunto de esta se sintiese parte del mismo sujeto transformador; es decir, la mayoría de la clase trabajadora dejó de considerarse a sí misma como clase trabajadora, y por tanto abandonó su aspiración para disputar la hegemonía y el poder a las clases dominantes.

Los momentos de la historia del PCE en los que ha sabido impulsar una política cultural efectiva, tejiendo las alianzas oportunas, han sido precisamente los momentos en los que la acción política del Partido ha sido decisiva, incluso hegemónica. Tanto en los años 30 del siglo pasado, como durante los años 50 y 60 de la dictadura franquista, e incluso en los años de la llamada “Transición”, quedaba patente el papel del Partido en la construcción de una cultura al servicio de la transformación. Sin embargo, la política cultural del PCE, al igual que su acción directa en el movimiento obrero fue abandonada, con los resultados trágicos consiguientes.

Volver a Renau

Cuenta Josep Renau – histórico cartelista, pintor y destacado militante del PCE – en un texto escrito en 1975 donde recuerda la situación en el Partido en los años 30, como allá por 1931 el Comité del PCE en Valencia estaba formado por tres artistas plásticos, un barítono, tres o cuatro estudiantes universitarios y algún artesano. Y cuenta como en las reuniones plenarias de la organización podía observar casi la misma composición social “sin que hubiese rastro del proletariado”.

Era aquella la época en la que el Partido Comunista no era capaz de llegar a la gran masa de la clase trabajadora y vivía encerrado en sí mismo. Eso hizo que el propio Renau enviase una carta muy crítica a la dirección del Partido que casi le cuesta la expulsión.

Pero hubo algo que la frenó, y fue la llegada de Pepe Díaz a la Secretaría General del PCE, quien acudió a Valencia poco después de su nombramiento y tuvo una entrevista especial con los intelectuales del grupo de Renau para decirles que su actitud critica había sido debidamente apreciada por la nueva dirección, y le aseguró que se redoblaría el esfuerzo del Partido para llegar a la clase trabajadora y que los intelectuales eran fundamentales para la lucha ideológica.

Meses después de aquella entrevista con Pepe Díaz, a mediados de 1932 se crea en Valencia la Unión de Escritores y Artistas Proletarios, que pocos meses después ya contaría con unos 60 intelectuales valencianos de distintas disciplinas y matices ideológicos.

Empezó entonces a retomar una vieja idea de fundar una revista que fuera asequible a los sectores más curiosos e inquietos de la clase obrera y de la pequeña burguesía campesina y urbana. Sus vivencias le habían descubierto una parte muy importante del frente cultural totalmente desguarnecida. Y creía que había llegado la hora, como él decía”de hincar el arado en aquellas tierras feraces, abruptas y abandonadas por la cultura clasista”.

Y así empieza a concretar el proyecto de fundar la revista NUEVA CULTURA, una revista que abogaría por una nueva cultura eminentemente popular sin caer en el populismo, y que vio la luz y se publicó entre 1935 y 1937. A ella dedicó Renau sus principales esfuerzos durante ese tiempo. En ella colaboraron los principales intelectuales españoles del momento y fue clave para librar la batalla ideológica contra el fascismo y por la unidad de la clase trabajadora.

La aportación de Renau con su obra, con sus inconmensurables carteles, fue enorme. Como enorme fue también su labor política y organizativa,  y muy importante es también la visión que Renau tenía sobre el papel que debía jugar la cultura en la transformación social. 

Recuperar la política cultural del Partido pasa por recuperar la visión de Renau para utilizar el arte como vanguardia, como lenguaje, como canal para la proyección de una idea; como potencia y fuerza creadora sobre las condiciones políticas y sociales. Supone activar los mecanismos necesarios que permita poner a marchar juntos a los trabajadores y al mundo de la Cultura, al menos aquella parte que considera a esta como un vehículo para la difusión de valores superiores, al servicio del ser humano, y contra las élites.

La cultura puede y debe ser la potente palanca para transformar las condiciones históricas y sociales, para la creación de un nuevo país, y debe incitar el desarrollo de los mujeres y hombres, jóvenes y mayores, que han emergido de la lucha contra los recortes, contra la represión, contra los desahucios, contra la explotación, contra los EREs, a través de una cultura superior de contenido humano, sintetizando en ella la inquietud de todas las generaciones de ar­tistas (especialmente las más jóvenes) que sienten hervir en su sangre los latidos de estos nuevos tiempos.

Es labor del Partido Comunista, como lo fue en otros momentos de nuestra historia, saber imprimir el impulso a esa nueva cultura que gire en torno al trabajo y se levante en armas contra el capital.

Más aportaciones en: lafuerzadelpce.es

aportaciones

1 comment

  1. No creo que en este campo se errara , es que no había opción. Los medios del sistema son imbatibles porque actúan sobre unas gentes con una forma de vida determinada por el capitalismo, que es lo que de verdad genera mentalidades. Poco se puede hacer ahí hasta que no cambie la estructura.
    Discrepo en una cosa:la cultura, creo, es un ámbito propio de la realidad que brota de la economía pero en último término, no tiene por qué referirse deliberadamente a lo económico ni es más marxista el hacerlo así.
    Por otra parte, y comentando el artículo, pienso que el partido sirve a la clase trabajadora en tanto que ubicación abstracta en las relaciones de producción y su contradicción dialéctica con el capitalismo. Otra cosa es la morfología social real de esa clase en cada formación social y no digamos su consciencia ni que haya que contribuir a formarla. A veces si y a veces no .Recordemos, p.e ., que en Prusia o Rusia hubo revoluciones burguesas sin burguesía .Al igual podría pasar ahora con los trabajadores.
    Aunque estos debates llevan largo tiempo hibernando no creo que los estructuralista seamos marxistas burgueses aunque éste no es lugar para pormenorizar. En fin, que la cultura puede servir a la clase aunque no necesariamente .

Deja un comentario